Editorial    
   

Conversar anuncia el contenido de este número, captando una forma de relación entre diferentes agentes basada en el reconocimiento mutuo que puede servir como un modelo para actuar en la ciudad.  La arquitectura y el urbanismo ya no son sólo tema de conversaciones cerradas entre profesionales, cada vez más sus espacios de deliberación se abren a otros actores y disciplinas. Las reflexiones sobre problemáticas urbanas se expresan en nuevos canales de debate y de acción promovidos por sectores con diferentes intereses (agrupaciones civiles autoorganizadas, medios de comunicación, organismos estatales, etc.).
 
En el desarrollo de este segundo número hemos utilizado ciertas palabras para pensar sobre la conversación en relación a la arquitectura, que a la vez nos han servido para entender los trabajos y conectarlos entre sí. Un primer término es Foro, referido a los espacios de reunión y de conversación, de opinión y de debate, y también lugares de sociabilidad. ¿Qué ámbitos propiciaban esto en el pasado, y cuáles lo hacen en la actualidad? ¿Cuáles son los protocolos de estas conversaciones? ¿Qué arquitecturas corresponden a estos protocolos?

Bajo el nombre de Asambleas podríamos describir las nuevas formas de conexión entre agentes que abren espacios de conversación de forma espontánea. Tiene que ver con la articulación de redes a partir de procesos de conversación, la generación de grupos a través de prácticas deliberativas; normalmente con intereses ligados a la transformación de estados de cosas locales. Los procesos de discusión en estas asambleas constituyen al mismo tiempo los vínculos entre sus miembros.

El vocablo parlamento, en el sentido de hablar o de emitir un discurso, se aplica extensivamente al término con que se designa la reunión de los representantes populares, donde un número limitado de voces idealmente representa a la diversidad de posturas individuales a fin de discutir y resolver los asuntos públicos. La palabra Parlamentos articula la conversación con los sistemas de toma de decisiones, con la representación política y también con los propios edificios parlamentarios. Nos interesa pensar cómo esta forma de representación de las democracias modernas ha desarrollado su arquitectura, y cuáles son sus tecnologías para representar la multiplicidad de opiniones. Así también, cómo son las tecnologías para representar la suma de objetos y situaciones en el proyecto y los procesos de la arquitectura.

En medio de estos procesos de debate, un nuevo rol que tiende a emerger para los arquitectos es el del Intérprete o mediador. El arquitecto en este rol ya no ocupa una posición jerárquica relacionada al dominio de la técnica, sino que se presenta como un facilitador que posibilita un diálogo generando traducciones de códigos específicos de una disciplina determinada, interviniendo en la relación entre diferentes actores y entre diferentes disciplinas. Un mediador también con intereses propios, como los otros actores, y por lo mismo con capacidad de incidir en la tendencia del proceso.

Estas palabras nos sirven para trazar un mapa preliminar de una arquitectura de la conversación. La cuestión es cómo las ideas son representadas y de qué forma articular un diálogo fructífero entre estas expresiones; es decir, qué tecnologías son capaces de incorporar la variedad de discursos en los procesos de decisión sobre las cuestiones de la ciudad. Pareciera que el modelo actual de representación política estatal no es capaz de captar la multiplicidad de posiciones. Proliferan las organizaciones con sus propios espacios de diálogo internos (aunque no necesariamente con interés en tener representación en la arena política tradicional); estos nuevos foros se han multiplicado a una velocidad que supera la evolución de las técnicas de representación política. Entonces, ¿cómo incorporar estas prácticas dentro de las estructuras democráticas actuales? No se trata sólo de generar cohesión, sino también de lidiar con el disenso. Por eso, nos parece importante repensar el vocabulario, las formas y los lugares para una posible conversación. Conversar, además, nos resulta una buena manera de entender qué es la revista UR. La tarea editorial, pensamos, pasa por socializar experiencias y reflexiones con otros contextos, y a la vez, por poner en relación a los artículos entre sí. A fin de cuentas, propiciar los momentos en los que la conversación fluye en las reflexiones, preguntas, controversias, discusiones, digresiones. De eso se trata...